lunes, 1 de agosto de 2011

Depósito-Taller de tractores eléctricos de Ujo

Dentro del conjunto de edificaciones ferroviarias que han llegado hasta nuestros días en el Principado de Asturias, el Depósito-Taller de tractores eléctricos de Ujo que se levantó para servicio de la electrificación Ujo-Busdongo de 1924 es posiblemente uno de los ejemplos más destacados.



Con ya casi 90 años ha sido una suerte que haya llegado hasta nuestros días pese a que la actividad para la que se erigió finalizó tres décadas después, pues dada su estratégica situación y equipamiento permitieron darle un segundo uso como taller de material remolcado hasta principio de los años 80 del pasado siglo, junto a mantener su utilización como vivienda de ferroviarios. Esto le ha permitido pervivir a la ávida piqueta, algo que sucedió con las instalaciones de tracción eléctrica existentes en Busdongo.
Entre el conjunto de edificios ferroviarios españoles a considerar como patrimonio a proteger son poco frecuentes los dedicados a otra actividad diferente a la del servicio de viajeros, frente a las instalaciones puramente técnicas o de la explotación (talleres, casetas de enclavamientos, etc.), normalmente derribadas tras el cese de su actividad sin miramiento alguno ante la más mínima necesidad de nuevos espacios o reordenamiento de los existentes.



El taller de tractores eléctricos de Ujo se trata del edificio dedicado a depósito o taller de tracción eléctrica más antiguo en España, pues de las instalaciones almerienses de Santa Fe nada queda, las de Rentería del Ferrocarril de la Frontera continúan en servicio desde 1912, pero los edificios poco tienen que ver con los originales, y solo el conjunto de cocheras y talleres del Ferrocarril del Urola en Azpeita de 1926, aún en servicio para el Museo Vasco del Ferrocarril, se aproxima por edad al edificio de Ujo.
Las proporciones del taller de tractores eléctricos de Ujo, junto a su peculiar emplazamiento, le confieren un aspecto imponente. Su construcción mixta mediante sillería en bruto junto al ladrillo fue habitual de las edificaciones de Norte en la segunda década del siglo XX en general y en particular en las realizadas en Pajares durante la electrificación, por lo que conforman un conjunto arquitectónico en un espacio geográfico muy delimitado.
Por todo ello, consideramos que el taller de Ujo es merecedor de un presente mejor que el actual, al tratarse de una joya del rico patrimonio ferroviario e industrial astur. La integridad del edificio de momento no corre riesgo al estar habitado, de hecho su cubierta fue retejada no hace mucho, sin embargo la zona de la playa de vías se encuentra en total abandono.
Un posible uso del taller de Ujo podría ser una sucursal de alguno de los museos ferroviarios de nuestro país, ya que precisamente el espacio es uno de los graves problemas con el que cuentan los existentes, y además disponer allí mismo del espacio para la rehabilitación de piezas. ¡Qué mejor lugar para la 6000 y 6100 de Norte y alguna 7700 al tratarse de su primer depósito!. Otro posible uso del taller sería su rehabilitación funcional disponible por parte de Adif para el material que regularmente acude a la Rampa de Pajares para sus pruebas y homologaciones, pudiendo realizarse en él las visitas e inspecciones, además de ser un lugar donde custodiarlo.

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