El Reglamento de la Ley de Ferrocarriles de 1878 obligaba a que todo el material móvil empleado en la explotación ferroviaria, locomotoras, ténders, coches y vagones, estuviera identificado con el nombre de la compañía concesionaria y un número de orden. Esta norma perseguía en primer lugar poder identificar por parte de los inspectores el material del que disponían las compañías y que éste se ajustara a lo acordado en las concesiones, así como para poder realizar un seguimiento del mismo en el caso de accidentes de cualquier tipo. A las propias compañías también les interesaba tener el material perfectamente identificado para hacer un seguimiento por parte del personal de circulación y de talleres, para realizar el mantenimiento que le correspondiera en cada momento.
Para realizar esta identificación en las locomotoras normalmente se recurría a placas de bronce colocadas a cada lado de la chimenea con el número solamente y a las siglas de la compañía sobre la traviesa portatopes, en ocasiones también con el número al otro lado, normalmente con las letras y números individuales en metal, aunque también se realizaban pintados en un color que contrastara con el de la propia traviesa. Los laterales de la cabina se reservaban para las placas del constructor y a veces el nombre de la locomotora, aunque éste a también iba sobre la caldera.
Para las locomotoras las numeraciones comenzaban en todas las compañías por el número 1 en adelante, y se iban sumando conforme llegaban nuevas locomotoras, sin dejar saltos entre vehículos de diferente origen o tipo. Este sistema, que en el caso de los ferrocarriles de vía estrecha fue perfectamente válido hasta mediados del siglo pasado y el propio fin del material de tracción vapor, en el caso de la vía ancha pronto se volvió ineficaz por la fusión o absorción de compañías, siendo necesario renumerar series de locomotoras completas, e incluso se debió recurrir a las centenas o incluso los millares. En algunos casos ya tempranamente se agrupaban las familias de locomotoras utilizando decenas diferentes para cada una, algo necesario para referirse a ellas en cualquier documento escrito de manera más concisa; inicialmente servían un par de series para diferenciar a lo sumo las locomotoras de mercancías de las de viajeros.
A lo largo de la historia muchos han sido los casos de cambios de identidad entre vehículos, aparte de renumeraciones completas de una serie, realizados por las compañías para burlar la Ley mediante el intercambio de placas. Casos muy conocidos fueron el “baile” de placas realizado por la Compañía ESA, Estratégicos y Secundarios de Alicante, que nunca tuvo las locomotoras que le obligaba la concesión, por lo que tenía más placas que locomotoras. Otro caso fue el del Vasco Asturiano, que dado el buen resultado de las locomotoras belgas de la serie 100 y la dificultad para importar una locomotora más construyó una locomotora idéntica en los talleres de Santo Domingo de Oviedo, en teoría la 105 que nunca existió en los “papeles”. Esta locomotora iba recibiendo la numeración de otra “compañera” que entraba en talleres para levante y de esta manera el Vasco siempre disponía de la serie completa en servicio.
Sin embargo, el caso más frecuente de cambio de matrícula y así de identidad se produce normalmente en el momento en el que la locomotora es enajenada, posiblemente debido a sucesos producidos entre el momento de la elaboración de los documentos de venta y el momento de entrega, por ser más fácil y económico modificar la numeración en el vehículo que en los papeles. Estos casos son fácilmente detectables por la simple comparación de fotografías de los vehículos antes y después en pequeños detalles y modificaciones realizadas en los vehículos a lo largo de su vida activa, como mangueras, conexiones, soportes, focos, etc. Son bien conocidas los intercambios de numeración de locomotoras vendidas a contratistas de obra como sucedió con varias Alsthom 1000 de Feve, las locomotoras 2100 y 319 de Renfe.
Las locomotoras 6000 de la electrificación de Pajares no fueron ajenas a este hecho. A principios de la década de los años setenta las 6000 pertenecían al Depósito de Tracción Eléctrica de Oviedo, situado en el barrio de La Argañosa. De las seis locomotoras que formaban la serie, por entonces matriculadas ya según las indicaciones de la UIC como serie 260, solo estaban en servicio cuatro de ellas. Pese al medio siglo a sus espaldas, su servicio era fundamental para realizar los trenes de mercancías en la línea Oviedo-Trubia, un pequeño ramal de 13 kilómetros pero de gran dureza asemejada a un tramo de la rampa de Pajares. La presencia de varios tramos metálicos y el viaducto del Nalón impedía el paso de otras locomotoras sin restricciones.
Hacia 1977 las locomotoras en servicio eran la 6004 y la 6005. Una de ellas fue entonces elegida para formar parte del futuro museo nacional del ferrocarril, en aquel momento en proceso de recopilación de material. La locomotora elegida fue la 6005 y así figuraba en la documentación para el momento en el que fuera retirada del servicio. Al parecer, el resto de locomotora fueron vendidas a un chatarrero, la 6004 y las ya apartadas (Al menos la 6006 y otra que no conocemos). Sin embargo, llegó el momento en el que se cumplió la fecha en la que la venta se realizaba efectiva y Renfe no tenía locomotoras en Asturias para poder utilizarlas en la línea de Trubia, por lo que para salir del apuro se dice que le debió alquilar al propio chatarrero una de las locomotoras para seguir prestando el servicio y retrasar la entrega. Entre tanto, la locomotora en servicio, la 6004 se averió y como la importancia de la misma no justificaba la reparación dada la coyuntura, se tomó la 6005 destinada al museo para prestar servicio, y para no deshacer los “papeles”, se sustituyeron las placas de una por las otra. A partir de ese momento la locomotora en servicio durante al menos un tiempo fue la 6005 con las placas de la 6004 y finalmente desguazada, y la locomotora destinada al museo fue la 6004 con las placas de la 6005.
La comparación de las fotografías de la 6005 en sus últimos años de servicio con la locomotora preservada destaca la ausencia de diferentes placas en su lateral; mientras que la 6005 original contaba con la placa de fábrica de General Electric y ya no llevaba la placa de SICE,la que se encuentra en el museo tiene solamente la placa de SICE; el otro lateral es más esclarecedor, y es el que se encuentra oculto al visitante de la exposición permanente del museo, que cuenta con varias abolladuras y una entalla en la caja de la locomotora desde la mitad de la misma hasta la puerta de la cabina, característica de la 6004 en servicio en sus últimos tiempos en Asturias.
miércoles, 6 de febrero de 2013
domingo, 20 de enero de 2013
Iowa Tracction Railroad
Al igual que hace unos meses tratábamos de las locomotoras General Electric, emparentadas con nuestras 6000, que por entonces aún eran utilizadas en el ferrocarril chileno de Barriles a Tocopilla (desde finales de 2012 ya tristemente retiradas), hoy traemos unas parientes de las Norte 6100 aún en servicio en los Estados Unidos.
Se trata del Iowa Tracction Railroad, una de las muchas pequeñas líneas (Shorlines) que se mantienen independientes en USA, pero una de las tres electrificadas que sobreviven. Este ferrocarril interurbano que discurre por el Estado de Iowa fue inaugurado en 1897 para enlazar las poblaciones de Mason City (actualmente se inicia antes de esta población, restringido a la zona industrial) y Clear Lake, donde conecta con la línea del Union Pacific. En 1936 se abandonó el servicio de viajeros. Desde 1963 explotaba un ramal adquirido a otra compañía hasta Charles City, pero en 1968 un tornado destrozó las instalaciones de la electrificación y poco después fue abandonado en la década siguiente tras ser explotado con tracción diesel.
Tiene una longitud de unos 16 kilómetros, ancho de vía estándar, y se encuentra electrificado a 600 voltios de corriente continua con una línea aérea de tipo tranviario, por lo que las locomotoras equipan troles. Las cuatro locomotoras en servicio son del tipo “Steeple Cab” (cabina de tipo campanario) y fueron fabricadas entre 1917 y 1923 por Baldwin y Westinghouse, aunque cada una procede de diferentes ferrocarriles y fueron adquiridas de ocasión por el Iowa Railroad en distintos momentos.
Fuentes:
http://www.american-rails.com/iowa-traction-railroad.html
Se trata del Iowa Tracction Railroad, una de las muchas pequeñas líneas (Shorlines) que se mantienen independientes en USA, pero una de las tres electrificadas que sobreviven. Este ferrocarril interurbano que discurre por el Estado de Iowa fue inaugurado en 1897 para enlazar las poblaciones de Mason City (actualmente se inicia antes de esta población, restringido a la zona industrial) y Clear Lake, donde conecta con la línea del Union Pacific. En 1936 se abandonó el servicio de viajeros. Desde 1963 explotaba un ramal adquirido a otra compañía hasta Charles City, pero en 1968 un tornado destrozó las instalaciones de la electrificación y poco después fue abandonado en la década siguiente tras ser explotado con tracción diesel.
Tiene una longitud de unos 16 kilómetros, ancho de vía estándar, y se encuentra electrificado a 600 voltios de corriente continua con una línea aérea de tipo tranviario, por lo que las locomotoras equipan troles. Las cuatro locomotoras en servicio son del tipo “Steeple Cab” (cabina de tipo campanario) y fueron fabricadas entre 1917 y 1923 por Baldwin y Westinghouse, aunque cada una procede de diferentes ferrocarriles y fueron adquiridas de ocasión por el Iowa Railroad en distintos momentos.
Fuentes:
http://www.american-rails.com/iowa-traction-railroad.html
domingo, 6 de enero de 2013
7700 en H0
En su tradicional anuncio programado de novedades, esta madrugada la firma Electrotren acaba de anunciar los próximos modelos a escala que va a lanzar al mercado durante el año entrante; o al menos esa es la intención, pues luego en alguno de los casos la espera se alarga hasta el siguiente ejercicio.
Tras muchos tiempo de espera, finalmente la 7700 va a ser realizada en escala H0 por una firma comercial después de algún modelo artesanal con escasa difusión.
Tras muchos tiempo de espera, finalmente la 7700 va a ser realizada en escala H0 por una firma comercial después de algún modelo artesanal con escasa difusión.
martes, 25 de diciembre de 2012
Arquitectura payariega
En los lugares del valle de Pajares atravesados por el ferrocarril éste se encuentra presente hasta en los elementos tradicionales de la ganadería de montaña, como son las "cabanas", cabañas donde se recoge el ganado en la época de las nevadas.
sábado, 22 de diciembre de 2012
Locomotoras traicioneras
Las 6100 de Norte, bajo su apariencia estilizada y aspecto sofisticado, en especial si se comparan con su compañeras las 6000, guardan tras de sí una historia menos agradable.
El concurso de electrificación de Pajares reservaba para la industria nacional la construcción de la mitad de las locomotoras empleadas en ella, y de esta forma surgen dos series de locomotoras diferentes para apenas 12 locomotoras. Con esta decisión, se abriría lo que consideramos una tradición que posteriormente la propia Renfe ha mantenido: la compra simultanea de diferentes series de material para una misma necesidad. Esto ha ocurrido, por ejemplo, con las locomotoras de 3000 caballos (las 7600 y las 7700), locomotoras diesel de mediana potencia (GM 1900 y Alco 2100), locomotoras eléctricas de Gran Potencia (250 y 251), automotores (593 FIAT y 592 MAN), locomotoras mixtas (310 y 311) y recientemente con los trenes Alvia (120 y 130) o los trenes de Alta Velocidad (102 y 103).
Aunque esta dualidad se produjo en cada caso por diferentes vicisitudes surgidas durante los concursos o los contratos, en mayor o menor medida buscada, ello ha originado series de material con unas prestaciones y características muy similares, por no decir idénticas, pero resueltas gracias a tecnologías muy diferentes. Esto que a priori puede considerarse un acierto, al no poner todos los huevos en la misma cesta en favor de una única tecnología, por otro lado puede entenderse como algo negativo, motivado en ocasiones por una cierta indecisión tecnológica, que a la postre generaría un mayor coste en la explotación, al dar lugar a series de material más pequeñas con un coste más elevado, tanto en el momento de la adquisición como en su posterior mantenimiento.
Volviendo a las 6000 y 6100, resulta curioso cómo en el albor de la tracción eléctrica dos series que respondían a unas exigencias muy concretas recogidas dentro de un mismo pliego de condiciones, provocase la utilización de soluciones muy diferentes en cada una de ellas, aunque es algo lógico al tratarse de productos de los dos colosos estadounidenses en dura competencia entre sí, General Electric y Westinghouse. Dentro de las soluciones tecnológicas utilizadas en cada caso queremos detenernos en una que traería a las 6100 un borrón en su historial: se trata del funcionamiento de los pantógrafos.
En las 6000 el funcionamiento de los pantógrafos era el mismo que en el empleado en todo el material eléctrico hasta hace poco, pues actualmente los accionamientos son eléctricos pero aún se encuentra en mucho material en servicio, consistente en utilizar el aire comprimido para mantenerlos elevados en su posición de trabajo, y es la falta de aire la que permite su plegado por acción de la fuerza de la gravedad y de unos muelles. En el caso de las 6100, los pantógrafos se mantenían elevados por medio de unos muelles, mientras que para su plegado era necesario el aire comprimido para vencer la fuerza de los citados muelles, y era un gatillo el que los retenía plegados. Lo que a priori parece una gran ventaja, ya que permitía la puesta en marcha de la locomotora en cualquier circunstancia, traería numerosos accidentes de gravedad.
Hace años un Jefe de maquinistas me comentó esta particularidad en las cientos, como eran conocidas las 6100 por ellos. En una ocasión un maquinista que realizaba una reparación en el interior de la cámara de Alta de la locomotora murió electrocutado al recibir la locomotora un topetazo y elevarse súbitamente los pantógrafos al saltar el gatillo que los bloqueaba y permitir que los muelles los elevaran y pusieran en tensión el circuito de Alta. Creo recordar que aquello sucedió en tiempos de Renfe y probablemente en el depósito de Oviedo.
Aquello que pudiera parecer un hecho aislado, gracias a las hemerotecas se puede comprobar la existencia varios sucesos en los que se cita la electrocución de maquinistas o personal de talleres que reparaban locomotoras eléctricas en Asturias y que fallecieron electrocutados, como fue el caso suceso producido el año 1956 en la estación de Villabona. También la separata "Por Toda la Red" de la revista "Vía Libre" recoge el mismo hecho en el Depósito santanderino de El Cajo.
Cuando hace unos meses conseguí el libro de Constantino Rebustiello, brillante corresponsal que fue para el Concejo de Lena y parte de la Montaña Central asturiana para el diario La Nueva España, en el que aparecen recogidos muchos de sus artículos, encontré un sorprendente caso protagonizado por un maquinista que había sufrido una electrocución. Rebustiello publicó el 28 de enero de 1978 la entrevista que le hizo a Francisco Palacios, maquinista retirado de la Renfe de 77 años, en su domicilio de Puente de los Fierros. El artículo se titulaba “Uno entre diez millones”.
El suceso narrado acaeció curiosamente el día en el que se cumplían los 100 años del ferrocarril en España, el 28 de octubre de 1948, mientras la Renfe estaba de celebración entre Barcelona y Mataró. Aquel día Francisco bajaba el Puerto con tren de mercancías cuando la locomotora de éste se averió, por lo que detuvo el tren antes de entrar en el túnel de La Payariega. Tras observar el interior de la locomotora detectó un cable suelto en la cámara de Alta Tensión, por lo que bajó el pantógrafo mediante el botón pertinente. Cuando Francisco estaba procediendo a empalmarlos sufrió una descarga de 3000 voltios, ya que el segundo pantógrafo se subió de manera imprevista. El ayudante llamó entonces a los mozos del tren, pero ninguno de ellos se atrevió a separarlo de los cables, mientras la electricidad seguía pasando a través suyo. De manera rápida, ¡caminado por la vía!, avisaron a la subestación de Pajares para que desconectaran la tensión de la catenaria, lo que sucedió casi una hora después. Fue entonces cuando lo sacaron del interior de la locomotora con graves quemaduras por todo el cuerpo y lo taparon con una manta.
Lo sucedido a partir de entonces con Francisco se puede calificar de odisea, pues fue llevado con vida a la estación de Pajares en el propio tren, al dejarlo bajar por gravedad. Tras una hora en una camilla en Pajares esperando una locomotora, lo bajaron en ella a Puente de los Fierros. Allí, al ver que respiraba, decidieron en lugar de dejarlo allí, volver a subir el Puerto hasta Busdongo, donde había médico, pero al llegar no estaba!
Entonces, decidieron enviarlo al hospital de León en una ambulancia. Al pasar por Santa Lucía, Francisco trató de hablar, lo que animó a los acompañantes. Sin embargo, al llegar a León los facultativos al ver su estado afirmaron que apenas duraría unos días, lo que supuso que prácticamente lo abandonaran a su suerte. Sin embargo, pasaron los días y seguía vivo, por lo que decidieron enviarlo a Madrid.
Tras dos meses en los que no podía moverse, perdió la visión, sin embargo durante este periodo más de doscientos médicos le visitaron. Con los cuidados recibidos y su vitalidad, poco a poco fue recuperándose, recobrando incluso la visión de un ojo, y tras 14 meses ingresado le dieron el alta médica. Poco antes de ello, le visitaron varios médicos durante un simposio entre los cuales estaba el doctor Marañón, y analizaron su cuerpo para estudiar su caso y fue cuando Francisco escuchó que casos como el suyo era un milagro, pues “solo sobrevive uno cada diez millones personas”.
Lo curioso es que un par de años antes, cuando él era ayudante, acompañando a un maquinista sucedió el mismo accidente. La locomotora se paró y cuando el maquinista fue a reparar la misma avería también se subió el pantógrafo accidentalmente, pero en aquella ocasión en el momento de la electrocución su cuerpo salió impulsado, y al estar abierta la puerta de la locomotora (las 6100 llevaban las puertas de acceso en el frontal) lo lanzó a la vía, falleciendo al caer a la vía.
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